
El país latinoamericano, segundo mayor productor de crudo de la región, depende de importaciones para cubrir más de la mitad de su demanda de gasolina debido a refinerías obsoletas y un crudo pesado y ácido.
México es uno de los mayores productores de petróleo del mundo y el segundo de América Latina, solo por detrás de Brasil. Las reservas de crudo aportan aproximadamente el 30% de los ingresos federales. Sin embargo, el país importa más del 50% de la gasolina que consume, principalmente de Estados Unidos, y en menor medida de China, Singapur, Corea del Sur y los Países Bajos.
Según datos de la Secretaría de Energía, en 2018 México compraba en el exterior el 75% de las gasolinas que consumía. En los últimos años esa cifra descendió hasta cerca del 50%, como parte de un esfuerzo del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (2018-2024) y de la administración de Claudia Sheinbaum por alcanzar la autosuficiencia energética.
Julio César Rentería, presidente del Comité de Refinación del Instituto Mexicano de Ingenieros Químicos (IMIQ), explicó a BBC Mundo que el crudo mexicano es de naturaleza pesada y amarga, con alto contenido de azufre y asfaltenos, lo que dificulta su procesamiento en las refinerías nacionales. “Es un crudo de muy mala calidad para procesarlo en las refinerías mexicanas”, afirmó.
Rentería señaló que durante años se dejó de invertir en el mantenimiento de las refinerías, bajo el argumento de que refinar el petróleo no era rentable y que la fuente de ingresos para Pemex era la venta de crudo sin procesar. “Muchas de ellas estaban oxidadas, otras paradas y a otras les faltaban bombas u otros componentes”, indicó.
El economista Juan Carlos Belausteguigoitia Rius, director del Centro de Energía del Instituto Tecnológico Autónomo de México, sostuvo que “es dinero mal empleado” invertir en refinerías nacionales. “Si no eres bueno en una actividad como la refinación, que lo haga otro mucho más barato”, afirmó. Según él, “cada peso que se va a refinación es un peso que no se va a educación, salud, seguridad o infraestructura”.
Durante el gobierno de López Obrador, Pemex compró el 50% de la refinería Deer Park en Texas por 600 millones de dólares e invirtió 21.000 millones de dólares en construir la nueva refinería Olmeca en Dos Bocas, diseñada para procesar crudos extrapesados. “Es una decisión más política que económica”, comentó Álvaro Vertiz, socio de la consultora DGA Group, quien agregó que “refinar un barril de petróleo en México es mucho más caro que importarlo”.
En el Plan de Trabajo de Pemex 2025-2030, la petrolera estatal reafirmó su compromiso con la seguridad energética. Un vocero de la compañía atribuyó el aumento reciente en la elaboración de gasolinas y diésel al fortalecimiento del Sistema Nacional de Refinación. No obstante, Pemex reportó pérdidas de 2.600 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, atribuidas a menores ventas al exterior y deudas con proveedores.
Según la agencia Moody’s, Pemex gastó más efectivo del que generó debido a “persistentes desafíos operativos, incluida la disminución de la producción por la limitada inversión de capital y las pérdidas continuas en el segmento de refinación”.
Actualmente, la producción nacional de gasolina cubre casi el 50% de la demanda, frente al 20% que representaba en 2018. López Obrador no cumplió su promesa de alcanzar la autosuficiencia en tres años.



