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Odio, porno y engagement: las redes que normalizan la violencia sexual digital

Pero las consecuencias son reales. Como explica la psicóloga Alba Águila Otero, investigadora de la Universidad de Barcelona y coautora de un estudio sobre la victimización sexual en la adolescencia en España, la pérdida de privacidad y reputación pueden llevar al aislamiento social o hacer que la víctima sufra otras agresiones.

La violencia online tiende a estar muy vinculada a otras formas de violencia offline, como agresiones físicas alentadas por el discurso del odio, o la trata de personas con fines de explotación sexual, explica García-Mingo

El informe Violencia viral de Save the Children describe una larga lista de consecuencias psicológicas: Depresión, ansiedad, sensación de persecución, aislamiento, culpa, indefensión. Además, en casos severos, la víctima puede llegar a sufrir un trastorno de estrés postraumático o incluso presentar conducta suicida, explica Águila Otero.

En adultos, las consecuencias también pueden ser devastadoras. “Puede llegar a manos de tus familiares, de tus empleadores, de tus amigos”, explica la socióloga Silvia Díaz Fernández, de la Universidad Complutense de Madrid, que cree que estas violencias buscan expulsar a las mujeres del ámbito público y profesional, convirtiendo el entorno digital en un medio hostil. “Es otro espacio que nos están robando”, coincide García-Mingo.

Pero, más allá de la pérdida de trabajo —y por tanto, de libertad y dinero—, a Díaz Fernández, le preocupa el disciplinamiento social y sexual que suele sufrir la víctima como consecuencia de estos abusos. “No puedes ser una mujer que disfrute del sexo, que quiera mantener relaciones sexuales facilitadas por la tecnología”, explica la investigadora. “Si lo haces, se te va a castigar difundiendo estas imágenes, y se te va a tildar de puta”, remarca.

El afán por encontrar a las afectadas para castigarlas y humillarlas es algo habitual en plataformas como Hispasexy. “¿Pero tú eres consciente de que por mucho que denuncies los hilos vamos a seguir abriéndolos, no?”, decía la conversación que daba nombre al estudio de García-Mingo, “Te voy a dejar deberes, que sepas que te hemos subido también a otras páginas. Busca, busca, perrita”.

Pero ese disciplinamiento no solo lo ejercen los perpetradores (que en algunos casos también son mujeres, aunque es muy minoritario). El afán por proteger a las víctimas, sobre todo cuando son menores, a menudo fomenta un puritanismo digital que también roba libertad y ejerce control sobre las víctimas.

“Si no quieres que te pase nada, ¿por qué vas en ese vestido? ¿Por qué vendes estas fotos? Si ya sabes lo que hay en Twitter, ¿para qué te metes?”, ejemplifica Díaz Fernández, que cree que esos reproches a menudo derivan en sentimientos de culpa y vergüenza que aíslan a las víctimas. “No compartes cómo te sientes porque la culpa es tuya. Y si compartes, te van a volver a recordar que la culpa es tuya”, dice la especialista.


Olimpia IA

Con 37 modelos de inteligencia artificial integrados, OlimpIA es una plataforma que brinda atención inmediata, gratuita y anónima a mujeres que han sido víctimas de violencia digital.


El acoso online es una de las formas más habituales de violencia sexual facilitada por la tecnología, y no se limita solo a este tipo de páginas. “Encontramos violencia sexual en Vinted, en BlaBlaCar, en Wallapop”, apunta García-Mingo. De hecho, las violencias suelen ir encadenadas. Además de hacer un deepfake pornográfico, por ejemplo, se difunden imágenes íntimas (sexspreading) o datos personales (doxxing) para incitar campañas de acoso, humillación o extorsión, que pueden durar años.

Capitalismo digital y misoginia: una mala combinación

Es difícil señalar una sola causa, pero Díaz Fernández, que estudia la misoginia online desde una perspectiva política y sociológica, considera que hay dos problemas de fondo: la educación y las oligarquías tecnológicas que controlan las plataformas digitales.

La experta considera que las grandes empresas tecnológicas, como Meta, Amazon o TikTok, no están haciendo lo suficiente para evitar que este tipo de delitos se reproduzcan.

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