Empresarios y trabajadores del calzado se movilizaron en Mataderos contra la política económica del Gobierno y el vencimiento de las medidas antidumping que protegen al sector. “Más allá de la baja del consumo, abrieron la importación”, denunció Leonardo Hammoud, dueño de Calzados Nazaria. El próximo 14 de diciembre caen las barreras contra el calzado chino y el sector advierte que no resistirá.
Cerca de las 16 horas de este martes, la intersección de Mosconi y Avenida General Paz, en el barrio porteño de Mataderos, se convirtió en el epicentro de un cacerolazo convocado por empresarios, trabajadores y cámaras de la industria del calzado. La protesta, que se replicó en distintos puntos del país, tuvo como principal reclamo la crítica situación que atraviesa el sector y la inminente caída de las medidas antidumping que protegen a la producción nacional. “La gente sale porque todos la están pasando mal”, dijo Leonardo Hammoud, dueño de la histórica firma Calzados Nazaria, a Radio 750, minutos antes de que comenzara la manifestación.
El detonante inmediato de la movilización es el vencimiento de las medidas antidumping que alcanzan al calzado proveniente de China. “El próximo 14 de diciembre caen las medidas antidumping y eso nos va a terminar de arruinar”, advirtió Hammoud, quien señaló que los productores chinos ya estarían alquilando galpones en el país para traer su mercadería. “China es un gran productor de calzado porque lo subsidia el Estado, no han superado solo a la Argentina, han superado a todo el mundo”, agregó el empresario, y sentenció: “Nosotros necesitamos seguir vivos y lo que vemos es que vamos a desaparecer”.
Según datos del INDEC, la fabricación de calzado y sus partes cayó un 26,5% interanual durante julio de 2026, y la producción del sector acumula un desplome que ya dejó más de 9.000 puestos de trabajo perdidos desde que asumió Javier Milei. En los primeros cinco meses de 2026 se importaron 16 millones de pares, y en los 17 meses que van de enero de 2025 a mayo de 2026, el total ascendió a 67 millones de pares, según datos de la Cámara de la Industria del Calzado (CIC). “Más allá de la baja del consumo, que se derrumbó en los últimos dos años, abrieron la importación de zapatillas con unos súper precios: las compran en China a 3 dólares y las venden acá a $60.000”, denunció Hammoud.

El impacto territorial de la crisis es profundo. La provincia de Buenos Aires, que concentra el 51,5% del empleo y el 53,9% de las fábricas de calzado del país, perdió el 43,3% de sus puestos de trabajo en tres años y cerró 147 establecimientos, concentrando el 60,5% de las fábricas que bajaron sus persianas en toda la Argentina. En La Matanza, donde se radica más de la mitad de las empresas del sector, ya se perdieron casi 5.000 puestos y la actividad productiva se redujo un 48% en el segundo semestre de 2025 respecto al año anterior. “Vender cinco pares por día no alcanza ni para pagar la luz”, describió Lito Albano, titular de la marca Luna Chiara.
Frente a este panorama, la Legislatura bonaerense debate un proyecto para declarar la emergencia del sector por un año, con beneficios impositivos, protección frente a cortes de servicios y prioridad para la industria local en las compras del Estado. Mientras tanto, trabajadores y empresarios preparan una Marcha Nacional del Calzado para el 22 de octubre, que ya cuenta con la adhesión de unos 280 empresarios y del sindicato UTICRA. La movilización de este martes en Mataderos, con cacerolas y banderas, fue solo el anticipo de una pelea que el sector considera de vida o muerte: la de evitar que la industria del calzado argentino desaparezca.



