La icónica firma compartió un sentido mensaje a través de sus redes sociales, donde explicó los motivos de la decisión final. Su historia de esfuerzo.
La Paila, una tradicional fábrica de alfajores en Córdoba confirmó que cierra sus puertas definitivamente. Sus delicias tradicionales con más de tres décadas de trayectoria dicen adiós, en un anuncio que fue compartido a través de un emotivo comunicado en sus redes sociales.
El fin de un legado artesanal de alfajores en Córdoba
La historia de la firma comenzó en 1992, cuando Coni González rescató las recetas de sus padres de la provincia de Catamarca. Lo que empezó como un emprendimiento en el patio de su casa, se convirtió en un referente del sabor cordobés gracias al «boca en boca» de sus clientes.

Ella cocinaba el dulce de leche en paila de cobre y horno de barro y su marca se expandió con el correr de los años, Inclusive, tuvo presencia en centros comerciales como el Shopping de Villa Cabrera en 2002 y el Dinosaurio Mall de Alto Verde en 2006.
Tras un periodo de regreso a las ferias, en 2016 la fábrica se mudó a su última ubicación en la calle Duarte Quirós al 187. Esto último gracias al impulso de su hijo, Gabriel.
En un mensaje dirigido a sus «clientes, amigos y familiares», los propietarios explicaron este miércoles 18 de febrero que la decisión responde al «complejo panorama que atraviesa la economía de nuestro país».
La firma destacó que la inestabilidad y los constantes cambios dificultan «enormemente poder trabajar con un horizonte claro». «Hoy nos vemos obligados a dar un paso al costado», agregaron.
«La difícil e inestable realidad económica que vivimos en Argentina, especialmente para quienes emprenden y producen, hace cada vez más difícil sostener un proyecto en el tiempo», expresaron con crudeza en su despedida.
«Gracias de corazón»: dijo una tradicional fábrica de alfajores de Córdoba que cerró
La Paila no solo se destacaba por su alfajor, sino por un catálogo de más de 70 productos. Nueces confitadas, dulces y jaleas, todos elaborados sin conservantes ni colorantes.
El comunicado final de la familia refleja el orgullo de haber mantenido su esencia artesanal hasta el último día. «Nos despedimos con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta, pero también con la tranquilidad y el orgullo de haberlo dado todo. Gracias de corazón por haber sido parte de este camino», concluyeron.
Fuente: Vía País




