
El invierno es una temporada propicia para plantar tres especies frutales que aprovechan las bajas temperaturas para fortalecer sus raíces y garantizar una futura cosecha.
El invierno no representa una época muerta para la jardinería. Diversas plantas utilizan las bajas temperaturas para fortalecer su sistema radicular bajo tierra y prepararse para el crecimiento en primavera. A continuación, se describen tres variedades frutales que se adaptan a distintos espacios.
Manzano
El manzano se beneficia de la plantación invernal, ya que el frío facilita el asentamiento de sus raíces antes del verano. Requiere abundante luz solar y un suelo con buen drenaje. Mediante podas anuales estratégicas, es posible controlar su tamaño para adaptarlo a jardines medianos o pequeños.
Cerezo
A diferencia de otras especies, el cerezo necesita acumular horas de frío para florecer adecuadamente y asegurar una buena cosecha. Además de sus frutos, este árbol ofrece un espectáculo visual a comienzos de la primavera, con flores blancas y rosadas. Combina estética y productividad.
Arándano
El arándano es adecuado para balcones y espacios reducidos. Crece tanto en tierra firme como en macetas grandes. Resistente a heladas moderadas y de bajo mantenimiento, se recomienda para principiantes en huertas caseras. Requiere un sustrato ácido y un excelente drenaje.
Con una planificación adecuada, es posible mantener un jardín activo y productivo durante todo el año.



