El caso Nestlé y la advertencia que la lechería argentina no puede ignorar. El agro está dejando de ser solo productor de alimentos para convertirse en productor de salud. Ahora bien, ¿qué pasa cuando ese cambio de mirada choca con la realidad del mercado?
La salida de Nestlé de la leche orgánica en Argentina deja algo más que contratos caídos. Deja al descubierto una tensión más profunda: la desconexión entre lo que se produce y lo que el sistema realmente sostiene. Porque acá no falló el productor, los tambos hicieron exactamente lo que se les pidió, cuidaron el suelo, eliminaron insumos de síntesis, trabajaron con sistemas trazables y produjeron bajo estándares más exigentes.
Es decir, produjeron mejor pero, aunque imprescindible, no fue suficiente. Cuando el mercado no convalida, cuando la industria no logra capturar y comunicar valor, y cuando las políticas existen más en papel que implementadas en terreno, lo que hay es un “sistema desalineado”.
Y en sistemas desalineados, los modelos diferenciales no escalan y muchas veces, tampoco sobreviven. Incluso en Europa, donde estas agendas están más avanzadas (PAC), los productos orgánicos representan apenas alrededor del 11% del consumo.
La pregunta entonces incomoda, pero es necesaria: Si queremos un agro que produzca salud, ¿quién está dispuesto a pagar por ella? Porque el desafío no es solo cómo producir mejor. Es lograr que todo el sistema, mercado, industria, políticas y consumo, funcione en la misma dirección.
Caso contrario, el riesgo es claro: hacer bien las cosas en un sistema que no lo reconoce, es el equivalente a un castigo impropio, a un arbitraje parcial.
¿Estamos frente a un caso puntual o ante una señal prescriptiva para los modelos diferenciados?
Por: Dr. Gustavo D. Gimenez (INTA/ Fac. Cs. Veterinarias UNR)




