Sería utópico suponer que no existen, que en las empresas no se cometen errores. Incluso se suele decir que es a partir de ellos que se aprende, se acumula experiencia, más que a partir de los aciertos.
Pero, por supuesto hay errores y errores
Y no solo eso sino que el mismo error, según cuáles sean las circunstancias en que se cometió, puede tener resultados muy diferentes, no solo en lo inmediato sino también en el mediano e incluso en el largo plazo.
Ejemplos concretos
Aunque los nombres son de fantasía, los casos que aquí se presentan son reales, de modo que reflejan lo sucedido en varias empresas en un determinado momento.
En “Los Cardales”, la decisión de incrementar un 20% los retiros mensuales de los socios (a partir del reclamo de uno de ellos, referido a que si eso no era posible, entonces abandonaba la sociedad), como suele suceder en tantos otros casos, se tomó en un momento en que las cosas estaban complicadas para la empresa, debido al precio atrasado de la leche, la mala relación con el valor del maíz, y las deudas pendientes, pero en la creencia que tarde o temprano el precio de la leche iba a rebotar, y en poco tiempo se iba a actualizar al valor “que correspondía”.
Mientras tanto, llevó a que hubiera que tomar un crédito a una tasa elevada, para cubrir esos mayores retiros. Si, en cambio, eso hubiera ocurrido tiempo después, en que el precio de la leche se fue acomodando paulatinamente, y se llegó a una relación conveniente maíz leche, esa misma decisión habría tenido otras consecuencias muy diferentes. Y directamente no habría tenido ninguna consecuencia desfavorable. En un momento fue un error que quedó evidenciado, mientras que bajo otras circunstancias, habría pasado desapercibido.
Incluso llevado a ejemplos aparentemente mínimos
Es el caso de “La Aurora” en que cuando llegó el momento de sembrar el maíz para silo, las lluvias escaseaban, el suelo estaba seco, y la situación era delicada en ese momento crucial, el de la siembra. Juan D. el contratista, a pesar de haber acordado antes la profundidad de siembra para que fuera en humedad, no tuvo mejor idea que reducir la profundidad para ahorrar combustible bajo el convencimiento que al día siguiente llovería. La semilla quedó en una humedad límite. Germinó pero luego se perdió, porque no llegó esa lluvia inminente que él suponía. Y asociado a eso que cuando se controló la calidad de la siembra, ya era tarde, el lote estaba terminado. Error del contratista por un lado, error de quien tenía que controlar la calidad de siembra por otro.
En una situación de buena humedad en el suelo (o si hubiera ocurrido esa deseada lluvia en los días siguientes), seguramente ese error del contratista y del encargado de agricultura habrían pasado desapercibidos. Pero lamentablemente no fue así. Resultado: hubo que resembrar medio lote, con los costos consiguientes. De nuevo, un mismo error podía ser “tapado” por las condiciones climáticas pero también “destapado”, puesto en evidencia ante condiciones desfavorables.
En “La Eulalia”, sabiendo que a fin de ejercicio habría que pagar un elevado saldo de IVA, y que no había posibilidad de entrar en un plan de pagos debido a los antecedentes de la empresa, se tomó la decisión de hacer inversiones de modo de “utilizar” ese saldo en compras en lugar de tributarlo al Estado.
Además, la decisión fue hacerlo en maquinarias, en las que el IVA es solamente del 10,5 %. Eso llevó a que hubiera que llevar a cabo una compra de un monto considerable, de modo que el IVA correspondiente compensara el que se debía pagar como saldo a fin del ejercicio. En esos momentos, a situación de la empresa no era la mejor ya que se había retirado uno de los socios, y se le estaba comprando su parte en cuotas. Bajo otras circunstancias, más favorables, de mayor desahogo financiero, esas inversiones en maquinarias habrían tenido otro efecto muy diferente al que tuvieron en ese momento. Pero tomadas en ese momento, fueron un lastre que tuvo consecuencias importantes, al punto que hubo que posponer los pagos al socio que se retiró, con los consiguientes problemas familiares y los intereses que comenzaron a acumularse. Otro ejemplo de cómo los errores pueden “taparse” si se puede decir así, si no estuviera de por medio la compra de esas acciones, mientras que al invertir justo en ese momento de estrechez económico, se destaparon sus consecuencias.
No hay que olvidar aquellos otros errores que el factor humano prefiere “tapar” (suponiendo equivocadamente que nadie se enterará) pero que tarde o temprano tendrán su efecto.
Analicemos ahora el caso de “El Ñandú”. Ya cerca de la fecha de picar las 200 has. del maíz para silo, comenzaron las negociaciones respecto a la tarifa. La tarifa y la forma de pago que pedía el contratista Juan M. estaba lejos de lo que pensaban pagar el administrador del tambo, y en qué plazo. Idas y vueltas. Más idas y vueltas, y el tiempo seguía pasando sin que llegaran a un acuerdo. El resultado fue que Juan tomó otros compromisos hasta que se pudieran ponerse de acuerdo. En esa semana, el calor intenso, sumado a fuertes vientos, hizo que en cuestión de días, los verdes maíces se fueran transformado en “papel”, con la mayoría de sus hojas secas. Recién días más tarde se pudo contratar a otro equipo de picado en esa tarifa que ofrecía el campo pero que podía comenzar recién en una semana. Y cuando llegó al campo, el maíz estaba irreconocible. Poco verde quedaba, y sólo en cuestión de días. Resultado: un silo de baja calidad, poco volumen, que era casi imposible de pisar porque volvía a expandirse alar tan eso. Y las consecuencias a futuro fueron problemas de alimentación durante varios meses, con las consecuencias en la baja de producción de leche. De nuevo, si esa semana decisiva hubiera sido más adecuada, otro habría sido el resultado de ese maíz para silo. Las circunstancias había destapado, dejado en evidencia, el error cometido.
Así como los errores se cometen “en lo grande” también se pueden cometer en la diaria, en “lo más pequeño” pero siempre tienen consecuencias.
Analicemos el caso de “Don Luis”, el tambo donde quien tenía que hacer las lecturas de comederos se tomó unos días de vacaciones. Y quien lo reemplazó, que además tenía que atender otras tareas, no se dedicó a hacer la lectura como se debía, es decir todas las veces que fuera necesario sino cuando podía, y le quedaba tiempo del resto de todo lo asignado. Y eso llevó a que más de una vez no se ajustara como correspondía la cantidad de la mezcla que llevaba el mixero a los comederos. Como consecuencia aparecían sobrantes importantes, que luego en una época de lluvias frecuentes y abundantes, se echaron a perder, y con el agravante de que las vacas tampoco consumían la nueva tanda de alimentos porque debajo de él estaba la parte incomible. Resultado final: baja en la producción de leche, con sus consecuencias económicas. Bajo otras circunstancias, por ejemplo pocas lluvias, todo habría sido diferentes. Esas frecuentes lluvias terminaron de destapar el error.
Por supuesto que están además aquellos casos en los que un acontecimiento providencial hace que muchos de los errores que se cometan pasen desapercibidos, o sus efectos sean muy leves. Sea porque llovió, porque quien tenía que controlar algo lo hizo en tiempo y forma, porque los socios prefirieron no pedir aumento en sus retiros, dado la situación crítica de la empresa, o porque el precio de la leche se recompuso en pocos meses.
Quizás en todos esos casos, los errores seguramente cometidos fueron “tapados” por las buenas condiciones del momento. Y es probable que ni siquiera se haya tomado nota de eso, que no se detecten qué errores se cometieron, pero como pasaron desapercibidos, fueron “tapados” por los factores favorables en esos momentos.
Como hemos visto a lo largo de este artículo, ante un mismo error, puede quedar en evidencia cuando las condiciones no son las mejores, pero podría haber pasado casi desapercibido si otras hubieran sido esas condiciones desde el punto de vista productivo y económico.
Algunos podrán afirmar que “con el diario del lunes” es fácil decir lo que habría que haber hecho. Tienen una parte de verdad, pero eso no exime estar mucho más atento cuando los vientos no son los más favorables. Por supuesto que nadie puede “adivinar” muchas de las cosas que van a suceder, pero lo importante es no confiarse en que siempre va a suceder lo que uno espera. Demasiado optimismo puede ser peligroso.
Si bien es cierto que de los errores siempre se aprende, es importante tener en cuenta que cuando las condiciones no son las mejores y hay algún punto crítico en el medio, es mucho menor el margen de error y, por lo tanto, se requiere estar mucho más atento a todas las decisiones que se toman, desde las más simples hasta las más grandes, porque aumentan las probabilidades de que todo error que se cometa quede mucho más en evidencia, y que sus consecuencias sean más complicadas.
Por Ing. Agr. Félix Fares




