
Las autoridades sanitarias de la República Democrática del Congo y la Organización Mundial de la Salud reportan más de 530 casos sospechosos y 130 fallecidos por un brote de ébola, con una cepa para la que no existe tratamiento aprobado.
Un brote de ébola en la República Democrática del Congo ha causado más de 130 muertes y más de 530 casos sospechosos, según informaron las autoridades locales y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Entre los casos confirmados figura un médico estadounidense que trabajaba con una organización humanitaria.
El gobierno del país centroafricano indicó que sus equipos sanitarios trabajan para contener la enfermedad. En las últimas horas se confirmaron nuevos casos en la provincia de Kivu del Norte y en la ciudad de Goma, fuera de la provincia de Ituri, donde el 24 de abril se reportó el primer contagio.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) informaron sobre dos casos y una muerte en la vecina Uganda.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, expresó su preocupación por «la magnitud y la velocidad» del brote y lo calificó como una emergencia internacional. La declaración de emergencia de salud pública de importancia internacional no implica que se esté en las etapas iniciales de una pandemia como la de covid-19. El riesgo para el mundo sigue siendo bajo.
La Dra. Amanda Rojek, del Instituto de Ciencias de las Pandemias de la Universidad de Oxford, afirmó que «esto refleja que la situación es lo suficientemente compleja como para requerir coordinación internacional».
La República Democrática del Congo tiene experiencia en el manejo de brotes de ébola. La Dra. Daniela Manno, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, sostuvo que la respuesta es «significativamente más sólida hoy que hace una década».
Situación actual
Los casos se han producido en una zona donde se registra una guerra civil, lo que complica la detección y el combate de la enfermedad. Greg Ranm, director de Save the Children, advirtió que «el brote de ébola representa una nueva crisis masiva que se suma a una situación ya de por sí difícil. Se produce en una zona de conflicto, una zona de crisis humanitaria, con cientos de miles de personas desplazadas y sistemas de salud ya gravemente comprometidos».
Cinco millones de personas, entre ellas unos 2,5 millones de niños, se encuentran desplazadas internamente, mientras que 15 millones más necesitan asistencia humanitaria, según la organización.
La cepa causante, denominada Bundibugyo, es la que menos información tiene. Los CDC señalaron que «el virus Bundibugyo es el descubierto más recientemente. Fue hallado en 2007 y causa la muerte en aproximadamente el 30% de las personas que lo contraen».
La OMS advirtió que las tasas de letalidad en los brotes de 2007 y 2012 en Uganda y la República Democrática del Congo «oscilaron entre aproximadamente el 30% y el 50%».
Entre 2014 y 2016 se registró el mayor brote de ébola, con 28.600 contagiados en África Occidental y 11.308 fallecidos, según datos de los CDC.
Alimuddin Zumla, profesor de enfermedades infecciosas de la University College London, alertó que «no existe una vacuna aprobada ni un tratamiento específico para el virus Bundibugyo». Además, las pruebas para determinar la infección no parecen ser muy eficaces; los resultados iniciales dieron negativo y se necesitaron pruebas más sofisticadas.
Trudie Lang, profesora de la Universidad de Oxford y jefa de la Red Global de Salud, afirmó que «lidiar con Bundibugyo es una de las preocupaciones más importantes» en este brote.
Para reducir los riesgos, la OMS pidió a las autoridades de la República Democrática del Congo, Uganda y Ruanda reforzar la vigilancia sanitaria fronteriza. Estados Unidos solicitó a sus ciudadanos evitar viajar a la zona y prohibió la entrada a personas que hayan estado en la República Democrática del Congo y Uganda en las últimas semanas.
Características del ébola
Según la OMS, el ébola es una enfermedad «grave, a menudo mortal, que afecta a los seres humanos y a otros primates». Se transmite a partir de animales salvajes como murciélagos frugívoros, puercoespines, chimpancés y otros primates, y luego se propaga mediante el contacto directo con sangre, secreciones, órganos u otros fluidos corporales de personas infectadas, así como con superficies y materiales contaminados.
La enfermedad fue descubierta en 1976 en la República Democrática del Congo, entonces Zaire, en la cuenca del río Ébola. Desde entonces se han identificado al menos seis cepas, cuatro de las cuales afectan a las personas, incluida la Bundibugyo.
Los síntomas aparecen entre 2 y 21 días después del contacto. Incluyen fiebre, fatiga, dolor muscular, dolor de cabeza, dolor de garganta, vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupción cutánea y signos de insuficiencia renal y hepática. En casos menos frecuentes se presentan hemorragias internas y externas.
La OMS indicó que los profesionales de la salud, los cuidadores y los familiares de los enfermos tienen más probabilidades de resultar contagiados. Save the Children recordó que «en brotes anteriores de ébola, los niños pequeños infectados a través del contacto con cuidadores y familiares enfermos a menudo han sufrido una alta mortalidad» y que «muchos niños pueden perder a uno o ambos padres durante un brote y enfrentarse a la estigmatización, el aislamiento o el abandono».
Las autoridades recomiendan como prevención evitar el contacto físico con personas sospechosas o confirmadas, no manipular cuerpos de fallecidos sin protección adecuada y lavarse las manos con regularidad. Para la cepa Bundibugyo, al no haber medicamentos aprobados, el tratamiento se basa en cuidados paliativos optimizados: control del dolor, manejo de infecciones, hidratación y nutrición. La atención temprana aumenta las probabilidades de supervivencia, según la OMS y los CDC.



