
Adalberto Vicente Días, cónsul honorario de Cabo Verde en Argentina, afirmó que la participación de su selección en el Mundial ya representa una victoria diplomática y cultural para el archipiélago.
Para Cabo Verde, el Mundial ya dejó una victoria. No está en una tabla de posiciones ni figura en las estadísticas. Es mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más profunda: millones de personas que hasta hace unos días no sabían que ese pequeño archipiélago africano existía, hoy hablan de él.
«Ya ganamos. El mundo sabe que Cabo Verde existe», resumió Adalberto Vicente Días, cónsul honorario de ese país en la Argentina desde hace más de tres décadas.
Este viernes, cuando la selección caboverdiana salga a la cancha para enfrentar a la Argentina, el desafío deportivo será enorme. Pero para los habitantes de esas 10 islas perdidas en el Atlántico, el verdadero premio llegó antes.
«Para nosotros esto ha sido una revelación. Siempre quisimos que Cabo Verde fuera conocido internacionalmente y el fútbol nos dio esa oportunidad», afirmó.
Días habló desde Buenos Aires, donde representa diplomáticamente a su país desde 1994. Es hijo de inmigrantes caboverdianos y conoce de memoria la historia de una comunidad que llegó a la Argentina mucho antes de que el fútbol pusiera a Cabo Verde en boca de todos. Su padre desembarcó después de la Segunda Guerra Mundial, como tantos otros compatriotas que encontraban en los puertos argentinos una oportunidad de trabajo. «Donde había un puerto, había un caboverdiano», resumió.
Muchos llegaron como marinos. Algunos incluso escondidos en los barcos, sin documentación, hasta que un familiar pudiera hacerse cargo de ellos. Esa corriente migratoria dio origen a las históricas asociaciones de Ensenada y Dock Sud, que aún hoy mantienen vivas las tradiciones del archipiélago.
Pero si hay algo que emociona especialmente al cónsul es ver cómo el fútbol logró lo que durante años intentaron la diplomacia, el turismo y la cultura. «Somos muy futboleros. Cuando empezó el Mundial soñábamos con clasificarnos como uno de los mejores terceros. Nos habían tocado selecciones enormes como España y Uruguay, pero estos muchachos jugaron con el corazón», dijo.
Habló de «hambre de gloria», de entrega y de dignidad. «El equipo dejó una imagen extraordinaria. Se ganó el respeto de todos», sostuvo.
Ahora enfrente estará la Argentina, una potencia mundial y una selección acostumbrada a pelear por los títulos. Sin embargo, Días no habló de hazañas imposibles. Prefirió aprovechar este momento para contar qué es realmente Cabo Verde. «Somos un archipiélago de 10 islas, 8 habitadas, ubicado frente a la costa occidental de África. Vivimos del turismo, de la pesca y del mar», definió.
También habló de playas de arena blanca, de hoteles que reciben visitantes de todo el mundo y de una palabra que, aseguró, define el alma de su pueblo: Morabeza. «No tiene una traducción exacta. Es la hospitalidad, la amabilidad, la forma en que tratamos a quien nos visita. Queremos que el turista se sienta como en su casa», agregó.
Y recordó a quien, mucho antes que la selección, llevó el nombre de Cabo Verde por el mundo: la cantante Cesária Évora. «Ella mostró nuestra cultura a través de la música. Ahora el fútbol está haciendo lo mismo».
Este viernes, cuando ruede la pelota, Cabo Verde intentará escribir otra página de su historia deportiva. Pero para Adalberto Vicente Días hay algo que ya nadie podrá quitarles. «Después de este Mundial, cada vez que alguien escuche el nombre Cabo Verde ya no va a preguntar dónde queda. Va a recordar que es ese pequeño país africano que un día se animó a jugarle de igual a igual a los grandes», reflexionó.



