
El Parlamento Europeo debe ahora debatir la redondez de la tierra y así ganar tiempo político para que algunos de sus representantes puedan acomodarse en sus situaciones electorales respectivas. ¿Ha sido un baldazo de agua fría? En lo absoluto, fue algo esperable por parte de un bloque que ha hecho todo lo posible por dilatar su ratificación.
Sin embargo, queda algo claro: el Mercosur tiene un enorme potencial exportador que puede poner en aprietos a varios segmentos del sector agrícola europeo. Su sector industrial exportador de manufacturas, al tener mucho más potencial y productividad, aunque menos lobby político y sin capacidad de llevar a cabo tractorazos o tomatazos, se verá obligado a demorar potenciales alianzas estratégicas para expandir mercados de ultramar.
Se trata de una movida táctica, a la cual el Mercosur debe responder con paciencia estratégica, como hace China con su proyecto de la Ruta de la Seda, el cual no cesa de expandirse y generar riqueza.
Lo que ha sucedido es una oportunidad más para que las pymes argentinas comiencen a planificar cómo generar productividad, ganar competitividad, alcanzar mayores economías de escala, pensar en potenciales alianzas estratégicas orientadas a mejorar calidad, inventarios, manufactura, logística, distribución y tecnología, por nombrar las variables más inmediatas. Ahora bien, no es correcto proyectar una ventaja automática del sector primario frente a los mercados europeos en el corto o mediano plazo.
La experiencia demuestra que la UE es muy creativa para desarrollar mecanismos regulatorios como barreras para-arancelarias, restricciones ambientales, requisitos de eco-certificación locales, así como imposición de cuotas o nuevas regulaciones sobre la marcha.
El caso de los biocombustibles
Un ejemplo es lo ocurrido en 2017 con los biocombustibles argentinos destinados a Francia, España y Alemania, quienes denunciaron ante la OMC la existencia de un supuesto subsidio (retenciones a la soja, por entonces del 27%), que incentivaba el desvío de la producción de soja y sus subproductos en favor del procesamiento de biocombustibles.
Como resultado, la UE impuso un arancel de importación superior al 30%, medida suficiente para deshacerse de los crecientes envíos de Argentina, país infinitamente más competitivo a pesar de las carencias infraestructurales de siempre.
A su vez, las exportaciones de biocombustibles debían afrontar un derecho de exportación del 3%. Definir las retenciones como un subsidio es realmente creativo. Finalmente, el tribunal de la OMC falló a favor de Argentina, aunque la Unión Europea apeló y ganó más tiempo, para luego perder en segunda instancia.
Durante ese período, la industria argentina de los biocombustibles tuvo que achicarse, pelear por nuevos mercados y reconvertir su escala productiva para sobrevivir, cuando anteriormente la UE representaba el 90% de las exportaciones de biocombustibles.
Alejandro Arroyo Welbers
En el actual diseño del Tratado de Libre comercio, la Unión Europea impone cuotas a una gran cantidad de productos agrícolas y la condición de revisión automática de mercado si las importaciones de un producto procedente del Mercosur supera el 5% comparado con el período anterior. No hay que esperar un brutal crecimiento en las exportaciones, sino más bien pensar un camino táctico-estratégico para poder sortear obstáculos regulatorios que surgirán en el camino.
La inserción en el mercado europeo se asemeja a una partida de ajedrez en el cual cada empresa de cada sector deberá diseñar una estrategia para el desarrollo de proveedores, la generación de operaciones sustentables, el diseño de productos y servicios alineados a normas europeas, una gestión de inventarios que ayude a ganar competitividad, así como una logística de excelencia que permita anticipar tendencias y tomar las decisiones correctas.
Además, se suma la necesidad de construir una estrategia de alianzas, transferencia tecnológica y gestión que dé lugar a una mayor calidad y competitividad sistémica en la organización.
¿Habrá entonces oportunidades de exportación? Sin dudas, aunque se parecerán más a una partida de ajedrez que a una de damas. Contrariamente a la exportación, el sector importador podrá encontrar oportunidades para iniciar una suerte de reingeniería y proyectarse a Brasil y otras regiones por medio de socios europeos, para lo cual resulta clave que las reformas estructurales se lleven a cabo y permitan que la productividad florezca. Esto será también un ajedrez que involucra toda la cadena de abastecimiento y producción de las empresas.
(*) Director de la maestría en Supply Chain Management del ITBA y director general ejecutivo de Southmark Logistics SA.



