Desde mediados del año pasado, se han producido al menos tres importantes “adquisiciones” de IA en Silicon Valley. Meta invirtió más de 14,000 millones de dólares en Scale AI y contrató a su CEO, Alexandr Wang; Google gastó 2,400 millones de dólares en licenciar la tecnología de Windsurf y en incorporar a sus cofundadores y equipos de investigación a DeepMind; y Nvidia apostó 20,000 millones de dólares por la tecnología de inferencia de Groq y contrató a su CEO y otros empleados.
Por su parte, los laboratorios de IA de vanguardia han estado jugando a un juego de talentos que parece no tener fin. La última reorganización comenzó hace tres semanas, cuando OpenAI anunció que volvía a contratar a varios investigadores que se habían marchado menos de dos años antes para unirse a la empresa de Mira Murati, Thinking Machines. Al mismo tiempo, Anthropic, fundada por antiguos empleados de OpenAI, ha estado captando talentos del fabricante de ChatGPT. OpenAI, por su parte, acaba de contratar a un antiguo investigador de seguridad de Anthropic para que sea su “jefe de preparación”.
Infieles por dinero
El movimiento de contratación que se está produciendo en Silicon Valley representa la “gran desvinculación” de las startups tecnológicas, en palabras de Dave Munichiello, inversor de GV. En épocas anteriores, los fundadores de empresas tecnológicas y sus primeros empleados solían permanecer a bordo hasta que se apagaban las luces o se producía un importante acontecimiento de liquidez. Pero en el mercado actual, en el que las startups de IA generativa crecen con rapidez, están dotadas de abundante capital y son especialmente apreciadas por la fuerza de su talento investigador, “inviertes en una startup sabiendo que podría disolverse”, me dijo Munichiello.
Los primeros fundadores e investigadores de las startups de IA más en boga van de una empresa a otra por diversas razones. Un gran incentivo para muchos, por supuesto, es el dinero. El año pasado, Meta ofrecía a los mejores investigadores de IA paquetes de compensación de decenas o cientos de millones de dólares, ofreciéndoles no solamente acceso a recursos informáticos de vanguardia, sino también… riqueza generacional.
Pero no todo es enriquecerse
Los cambios culturales más amplios que han sacudido la industria tecnológica en los últimos años han hecho que a algunos trabajadores les preocupe comprometerse con una empresa o institución durante demasiado tiempo, advierte Sayash Kapoor, investigador en informática de la Universidad de Princeton y miembro sénior de Mozilla. Los empleadores solían dar por sentado que los trabajadores se quedarían al menos hasta la marca de los cuatro años, momento en el que normalmente se les concedían las opciones sobre acciones. En la época de las altas miras de los años 2000 y 2010, muchos de los primeros cofundadores y empleados también creían sinceramente en las misiones declaradas de sus empresas y querían estar allí para ayudar a conseguirlas.
Ahora, dice Kapoor, “la gente entiende las limitaciones de las instituciones en las que trabajan, y los fundadores son más pragmáticos”. Los fundadores de Windsurf, por ejemplo, pueden haber calculado que su impacto podría ser mayor en un lugar como Google, que tiene muchos recursos, señala Kapoor. Y añade que en el mundo académico se está produciendo un cambio similar. En los últimos cinco años, según Kapoor, ha habido más investigadores que han abandonado sus programas de doctorado en informática para trabajar en la industria. En una época en la que la innovación en IA se acelera rápidamente, los costos de oportunidad asociados a la permanencia en un lugar son más elevados, enfatiza.
Los inversores, temerosos de convertirse en daños colaterales en la guerra de talentos de la IA, están tomando medidas para protegerse. Max Gazor, fundador de Striker Venture Partners, indica que su equipo está examinando a los equipos fundadores “en busca de química y cohesión más que nunca”. Gazor manifiesta que también es cada vez más común que los acuerdos incluyan “disposiciones de protección que requieren el consentimiento de la junta para la concesión de licencias materiales de propiedad intelectual o escenarios similares.”



