El gremio que lidera Roberto Fernández tiene un sostenido retroceso en materia de organización y representación. Una porción de los delegados de las empresas se fueron de la UTA, Hay muchas comisiones internas que se autonomizaron Su adhesión a la huelga la deja en el centro de las miradas ¿Quiere y puede parar?
La huelga general contra la Reforma Laboral dejará un capítulo particular sobre el accionar del transporte en general y sobre la Unión Tranviarios Automotor (UTA) en particular. Según pudo saber InfoGremiales los principales popes cegetistas testearon el clima en los sindicatos estratégicos del transporte urbano antes de tomar una decisión de ir a la huelga.
La idea de la huelga es replicar las fotos de antaño cuando las calles aparecían desoladas producto del éxito de la medida de fuerza. Para conseguirlo necesitan el acompañamiento de los ferroviarios, de los trabajadores del subte, de los camioneros y, por supuesto, de la UTA, una organización que se fue del Congreso que eligió las autoridades cegetistas por estar en desacuerdo con el triunvirato.
La UTA, conducida por Roberto Fernández, desde hace más de una década viene jugando en solitario y no muestra ningún prurito en desgastar a la propia CGT trabajando en los paros generales. Suele ser un gremio aceitoso, con una conducción que busca siempre aval en los diferentes oficialismos y que hasta se sentó en una mesa a anunciar aumentos del precio de los viajes en la gestión Cambiemos. Ahora todos aseguran que acompañará. ¿Puede?
Desde hace casi una década la UTA atraviesa una interna más que caliente que hasta dejó el episodio casi cinematográfico que incluyó un auto dado vuelta, la toma del edificio y la huida del propio Fernández por los techos. Ese evento marcó a fuego a Fernández que todavía busca culpables dentro del mundo sindical y apunta, especialmente, al moyanismo.

Luego de eso una porción importante de los delegados se desafiliaron y se fueron. Concretamente decidieron agruparse en la UCRA, una chapa que había creado la CTA y que ahora nuclea a buena parte de quienes cumplen tareas en el poderoso Grupo DOTA. Algunos sostienen que incluso son financiados por ese grupo empresario. La versión suena verosímil.
Al margen de esa interna, que implica la pérdida de representación en más de la mitad de las líneas de la zona metropolitana, en los últimos meses se vieron muchas comisiones internas que comenzaron a autonomizarse contra la propia conducción gremial. Están molestos por los flacos acuerdos salariales y por el nulo nivel de conflictividad que presenta el gremio. De hecho dirigen sus protestas a la sede sindical.
En este escenario todos se preguntan si la UTA querrá y podrá ir a la huelga. ¿El quiebre de su ascendencia en los lugares de trabajo terminará pasándole factura al gremio? Algunos creen que la gravedad de la situación hará que todos se alineen y dejen las internas para otro momento menos delicado.



