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Un tambo para aprender hoy y sostener la lechería del mañana

El IPEA Nº225 Atahualpa Yupanqui de El Arañado inauguró un tambo tecnológico educativo que busca acercar a los estudiantes a la realidad productiva y a las nuevas tecnologías de la actividad lechera. Detrás del proyecto hay esfuerzo, articulación y muchas manos; delante, el desafío de formar a los jóvenes que deberán darle continuidad al tambo argentino.

Hay proyectos que se miden en metros cuadrados, litros de leche o cantidad de equipamiento. Y hay otros que se miden, fundamentalmente, por lo que pueden dejar en el futuro. El nuevo tambo tecnológico educativo del IPEA Nº225 Atahualpa Yupanqui de El Arañado, Córdoba, pertenece a esta última categoría.

La institución aprovechó la celebración de sus 50 años para inaugurar este espacio formativo, concebido como un tambo didáctico, tecnológico y productivo que permitirá a los alumnos aprender el proceso de producción de leche en un ámbito real y familiarizarse con las herramientas que hoy forman parte de la transformación de los sistemas lecheros.

Muchas manos detrás de un mismo proyecto
La concreción de este entorno educativo no fue el resultado del esfuerzo de un solo actor. Por el contrario, nació de la articulación entre la Provincia de Córdoba, la Municipalidad de El Arañado, la Cooperativa de Servicios Públicos de El Arañado (COSPEAL) y la empresa DeLaval, que sumaron esfuerzos para que la escuela pudiera contar con un espacio de estas características.

Ese aspecto constituye quizás uno de los mensajes más importantes que deja la inauguración: para que una escuela técnica pueda dar un salto tecnológico, necesita que la comunidad productiva que la rodea también se involucre.

Desde la institución definieron al tambo como “pequeño, artesanal y de mucho esfuerzo”, pero también como un proyecto construido con “muchas manos apoyando y trabajando para hacerlo realidad”.

La escala no le quita trascendencia. Por el contrario, detrás de cada instalación, cada tecnología y cada herramienta disponible para los estudiantes aparece una apuesta concreta por la educación técnica y por el futuro de una actividad que necesita incorporar conocimiento y nuevas generaciones.

Aprender la lechería dentro de un tambo real
El tambo Aulta —como fue denominado el establecimiento educativo— apunta a convertirse en un verdadero entorno formativo. Allí los estudiantes podrán vincular los contenidos que aprenden en las aulas con situaciones concretas de la producción lechera.

El objetivo es fortalecer la formación de técnicos agropecuarios a partir de una experiencia práctica, en contacto con los procesos, las tecnologías y las decisiones que forman parte de un tambo.

Según explicaron desde el IPEA Nº225, “se trata de un modelo que actualmente no tiene antecedentes en las escuelas agropecuarias de Córdoba con este nivel tecnológico”.

La propuesta tiene, además, una doble dimensión: es didáctica y productiva. Pero también busca trascender los límites de la propia escuela y convertirse en un espacio desde el cual puedan generarse articulaciones y capacitaciones con otros actores vinculados a la actividad.

La idea es que los estudiantes no solamente conozcan cómo funciona un tambo, sino que puedan comprender hacia dónde está avanzando la producción.

La nostalgia de una actividad que necesita nuevos protagonistas
Hablar de un tambo educativo también invita a mirar hacia atrás. Durante décadas, miles de jóvenes crecieron entre corrales, vacas, ordeñadoras, tractores y el sonido cotidiano de una actividad que formó parte de la identidad productiva de numerosas comunidades del interior cordobés. Muchos de esos tambos cambiaron, se tecnificaron o dejaron de existir. Y detrás de cada establecimiento que desaparece también se pierde una parte de una cultura productiva transmitida durante generaciones.

Por eso, cuando una escuela decide construir un tambo para que sus alumnos aprendan, cuando decide invertir para que el trabajo del mañana sea más eficiente, la mirada inevitablemente se proyecta hacia el futuro.

Porque la tecnología puede automatizar procesos, mejorar la eficiencia y aportar información para tomar decisiones. Pero detrás de cada sistema productivo seguirán siendo necesarias personas capaces de comprenderlo, manejarlo, adaptarlo y hacerlo evolucionar. Y allí aparece uno de los grandes desafíos de la lechería argentina: formar a los jóvenes que tendrán que tomar la posta de la actividad.

Una escuela que mira hacia adelante
Desde el IPEA Nº225 remarcaron que la inauguración representa mucho más que la incorporación de un nuevo espacio. Significa abrir las puertas a entornos reales de formación, innovación y aprendizaje, donde los estudiantes puedan acercarse a las tecnologías que están transformando al sector lechero y prepararse para los desafíos que vendrán.

“Como institución técnica agropecuaria, celebramos este logro con orgullo, porque cada nuevo recurso, cada tecnología y cada espacio de aprendizaje amplía las posibilidades de nuestros estudiantes y fortalece el vínculo entre escuela, producción y comunidad”, remarcaron.

El tambo puede ser pequeño. Puede tener una escala artesanal. Puede haber nacido del esfuerzo cotidiano de muchas personas. Pero en sus instalaciones hay algo mucho más grande: la posibilidad de que un estudiante descubra allí su vocación, que otro aprenda un oficio y que alguno de ellos, dentro de algunos años, sea quien vuelva a ponerse las botas para continuar produciendo leche o guiar técnicamente en el proceso.

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