Un informe de la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba (CEL) revela que, pese a un crecimiento del 10% en el volumen producido durante 2025, el productor sigue perdiendo participación en el precio final.
Con valores congelados en tranquera de tambo y costos en alza, la actividad enfrenta un escenario de alta incertidumbre. En un documento la CEL se pregunta: ¿quién se queda con el queso?
Sucede que la producción lechera volvió a mostrar capacidad de respuesta en 2025, con un aumento del 10% en el volumen respecto del año anterior. Sin embargo, lejos de traducirse en una mejora económica, ese crecimiento dejó al descubierto profundos desajustes en la cadena láctea, que impactan de lleno en la rentabilidad del productor primario.
Según datos procesados por la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba (CEL), el precio en tranquera de tambo permanece congelado desde mayo de 2025, mientras que a lo largo del año el precio SIGLEA apenas se incrementó un 8%. En contraste, el precio de salida de fábrica aumentó un 16% en el mismo período, ampliando la brecha entre lo que percibe el productor y el valor final de los productos lácteos.
La situación resulta aún más crítica si se considera que, durante 2025, los sólidos útiles de la leche superaron en un 2% los registros de 2024, lo que evidencia un esfuerzo productivo adicional que no fue reconocido en el precio. Como consecuencia, la participación del productor lechero en la integración láctea cayó al 24,3% en diciembre de 2025, el nivel más bajo desde 2018, cuando históricamente esa contribución rondó el 30%.
“Los productores hicimos lo que correspondía: invertimos, aumentamos volúmenes y mejoramos la calidad, pero eso no se ve reflejado en nuestra participación en el precio final”, advirtió la entidad que preside Gustavo Torre.
A este contexto de precios retrasados se suma un factor climático adverso. La Cámara señala que las bajas precipitaciones desde diciembre de 2025, combinadas con altas temperaturas, provocaron una fuerte caída en la cantidad y calidad de las reservas forrajeras, como silaje de maíz, heno y maíz grano de producción propia. Esta situación impactará negativamente en la producción por vaca en ordeñe y elevará los costos de alimentación proyectados para 2026.
Desde la Cámara de Empresarios Lecheros de Córdoba alertan que el deterioro de los márgenes vuelve a colocar a los tambos en un escenario de pérdida de rentabilidad e incertidumbre, poniendo en riesgo la continuidad de una actividad clave para el entramado productivo. La lechería es una de las economías regionales que mayor ocupación y arraigo genera por hectárea, especialmente en el interior de Córdoba.
En ese marco, la entidad remarcó la necesidad de encarar soluciones de fondo: “Es imprescindible avanzar en el diálogo entre todos los sectores de la cadena láctea para revertir la situación del productor primario, que es quien posibilita que el resto de los actores —incluido el Estado— sostengan niveles de actividad, ingresos y empleo”.
El informe concluye que, sin una recomposición en la distribución del valor dentro de la cadena, el crecimiento productivo por sí solo no alcanza. La pregunta que sobrevuela al sector sigue vigente: ¿quién se queda con el queso?