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La tecnología detrás del X-59, el avión de la NASA que revivirá los vuelos supersónicos

Las primeras pruebas de vuelo supersónico incluyeron aviones F-15 y F-18 retirados de la Fuerza Aérea, que fueron reconvertidos en aviones de seguimiento de la NASA para seguir al prototipo X-59 y ayudar a monitorear su desempeño operativo. Sin embargo, las explosiones sónicas generadas por estos aviones actualmente enmascaran cualquier estampido sónico, más silencioso, proveniente del X-59.

Los próximos meses de pruebas de vuelo podrían allanar el camino para el inicio de la segunda fase del programa a finales de 2026, que aún se llevaría a cabo en el espacio aéreo restringido cerca de la Base de la Fuerza Aérea Edwards. Esta próxima fase se centrará en medir las ondas de choque generadas por el X-59 en vuelo, además de evaluar el impacto del golpe sónico en tierra.

“Vamos a volar el X-59 con una pluma nasal especialmente instrumentada en la parte delantera del avión, que podrá medir el campo de flujo, la intensidad y la ubicación de las ondas de choque cerca del avión”, esboza Coen.

La NASA también planea medir las ondas de choque en las capas altas de la atmósfera mediante un sistema de micrófonos instalado en un planeador motorizado que vuele a una altitud de aproximadamente 3000 metros. Una serie de grabadoras acústicas especializadas y reforzadas registrarán las ondas de choque debilitadas una vez que alcancen el suelo.

De gira nacional

La prueba definitiva del éxito del diseño del X-59 llegará en la tercera fase del programa, cuando la NASA planea realizar vuelos de prueba con la aeronave sobre comunidades de todo Estados Unidos. La agencia busca llevar a cabo vuelos de prueba del X-59 sobre comunidades que sean representativas de EE UU, considerando la demografía, la construcción de edificios, el clima, la geografía y muchas otras características.

Se volverán a desplegar los conjuntos de micrófonos terrestres, pero la NASA también planea reclutar a miembros de la comunidad que puedan compartir sus comentarios sobre los sonidos que escuchan a diario durante las pruebas de vuelo. Cada comunidad podría experimentar pruebas de vuelo frecuentes durante aproximadamente un mes, durante las cuales podrían escuchar impactos sónicos de intensidad variable, desde 70 PldB hasta 90 PldB, explicó Coen.

“Cada día sobrevolaremos la comunidad y volaremos el X-59 de forma ligeramente diferente, por lo que cada vuelo producirá un sonido más suave o más fuerte”. Mucha gente quizás ni siquiera oiga nada en el extremo más bajo, pero los golpes sónicos más fuertes podrían llegar a ser “bastante molestos”, afirma Coen.

Para la primera prueba comunitaria, el X-59 despegará del Centro de Investigación de Vuelo Armstrong de la NASA en la Base de la Fuerza Aérea Edwards en el desierto de Mojave de California, antes de realizar vuelos de prueba supersónicos sobre una comunidad vecina no especificada que normalmente no escucha explosiones sónicas de otras aeronaves de prueba.

Sin embargo, las pruebas posteriores en otras partes de EE UU requerirán un aeródromo con la capacidad suficiente para la pista de aterrizaje del X-59, que debe tener 10,000 pies de longitud. Si bien la NASA aún no ha finalizado la lista de localidades designadas para las pruebas de vuelo, docenas de aeropuertos importantes cuentan con pistas de aterrizaje con la longitud necesaria para el X-59.

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