En su cóctel anual, la empresa presentó la obra técnica de Angelo Citro y celebró un año de expansión productiva, ventas récord y transformación interna. “Vender el 100% es una alegría, vender el 105% se convierte en un lío”, resumió Carlos Noguera.
La empresa logró vender toda su producción, lo que permitió finalizar el año con «muy poco stock», situación que consideró estratégica porque la baja de ventas típica del verano permite acumular quesos para la temporada siguiente.
En materia de infraestructura, La Delfina completó la etapa de puesta en marcha de su nuevo tambo, finalizado a fines de 2024, y concretó una inversión clave en maquinaria importada: pasteurizador, higienizador y desnatadora.
Las obras se realizaron sin detener la operación diaria, algo que Noguera describió como un desafío permanente. «Hay que hacer toda una serie de movimientos que no son fáciles, porque las obras en las plantas hay que hacerlas sin que pare la planta. Esa es la complejidad», indicó.
En paralelo, la empresa lanzó nuevos yogures de 160 gramos en sabores ciruela, tomate y manzana, y un yogur firme y deslactosado en formato de 400 gramos.
En el segmento de quesos, la novedad fue Don Félix, un semiduro de larga maduración presentado como una de las «estrellas» del encuentro. El nombre fue elegido «en honor a mi padre, que es y ha sido un gran promotor de la bubalinocultura en Argentina».
El crecimiento anual de la empresa se sostuvo en torno al 35%, lo que implicó la incorporación de personal en el equipo comercial, la planta, el campo y las oficinas. «Tuvimos que agrandar todas las áreas para poder sostenerlo», sintetizó Noguera.

Gestión integrada y retos estructurales
La expansión trajo aparejados desafíos logísticos. En un momento, la empresa debió frenar la incorporación de nuevos clientes porque no podía abastecer la demanda.
Noguera describió esta tensión con claridad: «Vender el 100% es para festejar, pero cuando vendés el 105% ahí pasa a ser un lío porque es un desafío».
La Delfina se distingue por un modelo de producción 100% integrado, desde la alimentación y la genética hasta el producto final. Ese enfoque garantiza calidad, pero limita la capacidad de reacción: «No salimos a comprar leche de búfala si nos falta, la tenemos que generar nosotros», explicó.
Esa generación no es inmediata. Para escalar el rodeo y producir más leche, el plazo es un año como mínimo, mientras que una planta que elabore productos a partir de leche de vaca «puede salir a comprar materia prima si le falta».
Este modelo obliga a que el capital de trabajo crezca al 35% anual, con inversiones constantes para destrabar cuellos de botella. «Es una empresa que crece con su rodeo», resumió.
Perspectivas 2026: construir a partir de un nuevo piso
El entrevistado se mostró optimista sobre 2026, aunque reconoció que 2024 había sido complejo para el consumo. El objetivo para el próximo año será consolidar lo logrado y sostener el piso alcanzado en 2025. «Nuestra idea es que el 25 sea un piso. La expectativa es poder construir a partir de ese piso», señaló.
Para ello, la empresa continuará con obras internas y con el lanzamiento de nuevos productos, manteniendo el flujo de información y vínculo con su comunidad. El 2026, según proyectó, será un año de fortalecimiento estructural y expansión progresiva.
