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Gestión en el tambo: ¿por qué nos va como nos va?

El análisis de los resultados económicos estacionales suele quedarse en la superficie. Una mirada analítica propone ir desde el dato financiero hacia la raíz productiva. El caso de la recría como «la punta del iceberg».

Por Félix Fares*

Indefectiblemente, todas las decisiones que se toman en el complejo sistema del tambo terminan repercutiendo, tarde o temprano, en la economía de la empresa. Sin embargo, el ejercicio verdaderamente enriquecedor para el productor actual es hacer el camino inverso: a partir de los resultados obtenidos, ir en búsqueda de las causas.

Cuando los números son buenos, quizás cueste más hurgar en el porqué; suele asignarse el éxito simplemente a la mejora en el precio de la leche, ignorando otros factores clave. Pero cuando el resultado económico no es el esperado, las preguntas llueven. Esta presión se intensifica sobre todo en empresas familiares o con socios extra sectoriales que necesitan entender por qué la rentabilidad no fue la proyectada y cómo impactará esto en sus retiros empresariales.

Sea cual sea el resultado, es vital averiguar qué factores influyeron y en qué medida lo hicieron. No es un camino fácil ni corto: implica buscar las causas de las causas hasta llegar a la raíz de todo, ya sea para replicar los aciertos o corregir el rumbo.

El «efecto dominó» en el capital hacienda
Para entender cómo funciona esta metodología de análisis, tomemos un ejemplo concreto y recurrente en los balances tamberos: la caída en la diferencia de inventario en la subactividad de recría. Este descenso impacta directamente tanto en el Margen Bruto del tambo total como en el balance patrimonial.

Para aislar el problema, el analista debe aplicar una metodología de descarte:

¿Varió el número de cabezas? Al revisar los inventarios entre el inicio y el cierre, la cantidad de animales es prácticamente la misma. Primera causa descartada.

¿Cayeron los precios de mercado? Tampoco. Para calcular la diferencia de inventario se utiliza la valuación de cierre en ambos hitos, eliminando el «ruido» de la inflación o la evolución de precios del mercado de hacienda. Segunda causa descartada.

Al meterse en el detalle, aparece el dato clave: descendió la cantidad de vaquillonas preñadas, la categoría de mayor valor en el tambo. Esto explica la diferencia negativa en dinero, aunque la cantidad de cabezas sea neutra. Sin embargo, identificar esto es solo rascar la superficie.

La multicausalidad: desarmando la punta del iceberg
A partir de allí, el análisis entra en el terreno de la multicausalidad, donde operan diversos factores que no son excluyentes y que actúan con diferente intensidad.

Si la cantidad de vaquillonas preñadas disminuyó, las líneas de investigación se abren en múltiples direcciones:

1. Decisiones comerciales y financieras
¿Se realizaron ventas de vaquillonas preñadas durante el ejercicio? Si la respuesta es afirmativa, hay que buscar la razón de fondo: ¿necesidad financiera, achique de la estructura tambera para cederle hectáreas a la agricultura, o un excedente de reposición donde se optó por no agrandar el rodeo?

2. Eficiencia reproductiva
Si no hubo ventas, el foco pasa a ser netamente productivo:

Detección de celo e inseminación: ¿Hubo fallas en la cadena de frío del semen, en la pericia del inseminador o en los tiempos asignados al personal para la detección de celo por sobrecarga de tareas?

Sanidad: ¿Se registraron niveles atípicos de abortos o mortandad en la categoría que no fueron correctamente procesados en el día a día?

3. Factor nutricional y manejo
Un bache alimentario impacta directamente en las ganancias de peso diarias. Si la recría pasó a un esquema más pastoril y enfrentó limitantes climáticas (menor producción de pasto), la edad al primer servicio inevitablemente se retrasa, alterando la estacionalidad de las pariciones y el flujo de categorías de alto valor dentro del inventario.

El dato contable: Alguien podría argumentar que se compraron vaquillonas preñadas para compensar. Pero ojo: si esas vaquillonas parieron antes del cierre del ejercicio, pasaron automáticamente a ser vacas en ordeñe, cuya valuación contable representa entre el 60% y el 65% de lo que valían como vaquillonas preñadas.

Conclusión: ¿Por qué me fue como me fue?
Como demuestra este caso, un simple dato negativo en el inventario de la recría es solo la «punta del iceberg» de un entramado profundo de decisiones de manejo, factores climáticos y políticas de personal.

La multicausalidad es la que termina explicando el número final del ejercicio. Desandar este ovillo es la única herramienta real que tiene el productor lechero para diseñar estrategias de corrección precisas. Este análisis se enfocó en un solo parámetro, pero la gestión integral del tambo abarca decenas de ellos. La tarea para asegurar la sustentabilidad del negocio, por lo tanto, recién comienza.

* El autor es Ingeniero Agrónomo. Contacto: felixfares57@yahoo.com.ar

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