
Un megaproyecto subterráneo en Moscú logró que 23 tuneladoras trabajaran simultáneamente, estableciendo un nuevo récord mundial en ingeniería.
La construcción de infraestructura en gran escala ha alcanzado un nuevo nivel con el túnel gigante donde 23 tuneladoras trabajaron de forma simultánea, marcando un récord mundial en ingeniería. Este proyecto representa uno de los mayores desafíos de la construcción. El túnel se ha convertido en un símbolo del avance de la infraestructura subterránea, donde la velocidad de excavación y la eficiencia fueron claves. Más que una obra, es una demostración del poder de la ingeniería actual para transformar territorios complejos.
Se trata de la expansión del sistema de metro de Moscú, conocido como el Moscow Metro, una red que ha crecido durante décadas hasta convertirse en una de las más extensas y profundas del planeta. Dentro de esta expansión destaca la construcción de la llamada Big Circle Line, una línea circular diseñada para mejorar la conectividad entre distritos y reducir la saturación del centro urbano.
Durante el desarrollo de este megaproyecto se alcanzó un hecho sin precedentes en la historia de la infraestructura moderna: 23 tuneladoras operaron de forma simultánea bajo la ciudad de Moscú. Estas máquinas, conocidas como TBM (Tunnel Boring Machines), son auténticas fábricas móviles subterráneas capaces de excavar túneles, retirar el material del subsuelo y colocar anillos de hormigón que refuerzan la estructura a medida que avanzan.
La magnitud del despliegue permitió que diferentes frentes de obra progresaran al mismo tiempo, acelerando significativamente la construcción de estaciones y tramos del anillo subterráneo. Este nivel de coordinación fue reconocido oficialmente por Guinness World Records en 2020 como el mayor número de tuneladoras trabajando simultáneamente en un solo proyecto.
Más allá del récord, este hito refleja cómo la infraestructura moderna depende cada vez más de la tecnología de precisión y la planificación en tiempo real. La Big Circle Line no solo representa una mejora en el transporte urbano de Moscú, sino también un ejemplo del nivel de complejidad que han alcanzado las obras subterráneas en las grandes capitales del mundo.
