
¿Se pueden sostener altas producciones de leche y carne cuando el ambiente se vuelve desfavorable? Esa fue una de las preguntas centrales de la disertación del Médico Veterinario Hernán Ré, asesor de tambos en Córdoba y Santa Fe, durante la jornada “CLIMA + SUELOS + AGUA”, realizada en el marco de MECA 2026, en Villa María.
La exposición de Ré se desarrolló a partir del escenario climático planteado para la campaña 2026/27, con un fenómeno El Niño que incrementa las probabilidades de lluvias abundantes y excesos hídricos en distintas regiones. En ese contexto, el especialista puso el foco en una cuestión concreta para los establecimientos: cómo preparar los sistemas productivos para atravesar períodos de humedad, barro y dificultades de transitabilidad sin resignar eficiencia ni producción.
El barro también es un factor de estrés
En los tambos, el exceso de agua no representa solamente un problema de caminos o corrales. El barro afecta la locomoción, el tiempo de descanso, la higiene de los animales, la salud podal y la salud de la ubre, además de dificultar el acceso al alimento y al agua.
Cuando estas condiciones se combinan con temperaturas elevadas, el impacto puede potenciarse. Una vaca de alta producción enfrenta una elevada demanda metabólica y térmica, por lo que cualquier dificultad adicional para descansar, desplazarse, alimentarse o beber puede terminar afectando su desempeño.
Por eso, uno de los principales objetivos de manejo debe ser reducir la cantidad de días que los animales permanecen expuestos al barro.
Infraestructura: anticiparse al exceso de agua
Frente a períodos de precipitaciones intensas, los caminos internos, accesos, corrales y zonas de circulación pasan a ocupar un lugar central.
El drenaje, las pendientes y la elección de materiales adecuados pueden marcar una diferencia importante para mantener la transitabilidad. La estrategia no debería comenzar cuando el establecimiento ya está anegado, sino antes: la infraestructura debe estar preparada para recibir el agua antes de que llegue.
El acceso al agua también es crítico. Las vacas de alta producción pueden consumir entre 150 y 170 litros diarios durante el verano, por lo que los bebederos deben mantenerse accesibles, limpios y ubicados estratégicamente.
El mismo criterio debe aplicarse a los comederos. Si el barro dificulta que los animales lleguen al alimento o genera competencia y aglomeración, el problema ambiental puede transformarse rápidamente en un problema productivo.
Descanso y camas secas
Otro de los puntos señalados por Ré fue la importancia del descanso.
Las condiciones de las camas deben permitir que los animales puedan echarse cómodamente y mantenerse secos. En sistemas de compost barn, esto exige un manejo particularmente cuidadoso durante los períodos de elevada humedad.
La cama debe ser removida con frecuencia y mantenerse en condiciones que favorezcan el secado, incorporando material cuando sea necesario.
No se trata solamente de confort: el ambiente de descanso está directamente relacionado con la higiene, la salud y el comportamiento de los animales.
Alimentación: calidad antes que compensación
El escenario climático también obliga a prestar atención a la alimentación. Frente al estrés, no alcanza con aumentar la concentración energética o proteica de la dieta si eso implica resignar fibra.
La recomendación pasa por trabajar con forrajes de alta calidad, buena digestibilidad de la fibra y silajes correctamente conservados, además de garantizar que el alimento llegue fresco al comedero.
La calidad de las reservas adquiere todavía mayor importancia en un escenario de humedad elevada, donde las dificultades de conservación pueden aumentar.
Los aditivos pueden constituir una herramienta complementaria, pero no sustituyen las condiciones básicas de manejo, infraestructura, agua y alimentación.
También es un desafío para los feedlots
El problema no se limita a la producción lechera. En los feedlots, la combinación de calor y barro puede reducir el consumo y afectar el desempeño y la eficiencia de conversión.
La disponibilidad de sombra, la densidad de animales, el estado de los corrales y la circulación son factores determinantes. En períodos de altas temperaturas y humedad, también puede ser necesario adaptar las dietas para acompañar los cambios en el consumo y evitar desequilibrios nutricionales.
El objetivo es el mismo que en el tambo: evitar que el ambiente se convierta en una limitante directa de la producción.
La vaca como indicador del ambiente
Más allá de la infraestructura, Ré planteó la importancia de observar permanentemente a los animales.
El Índice de Temperatura y Humedad (ITH), la frecuencia respiratoria, la temperatura corporal, el tiempo de descanso, la limpieza, la locomoción, el recuento de células somáticas y los cambios de comportamiento pueden funcionar como indicadores tempranos de situaciones de estrés.
Las nuevas herramientas digitales, como collares y sistemas de monitoreo, permiten sumar información objetiva y detectar cambios que pueden pasar inadvertidos. Pero la observación cotidiana del rodeo continúa siendo una herramienta fundamental.
¿Se pueden sostener altas producciones?
El interrogante planteado durante la jornada CLIMA + SUELOS + AGUA de MECA 2026 no tiene como respuesta resignarse frente al escenario climático.
La producción puede sostenerse en ambientes desfavorables, pero requiere anticipación, infraestructura y manejo. El objetivo no es eliminar el impacto de las lluvias —algo imposible— sino reducir el tiempo y la intensidad con que ese impacto afecta a los animales.
Caminos y drenajes preparados, acceso permanente a agua y alimento, camas secas, manejo de la alimentación, control del barro y monitoreo permanente son herramientas que permiten atravesar períodos de excesos hídricos con menores pérdidas productivas.
En definitiva, el desafío que plantea un escenario de El Niño para los tambos y feedlots no pasa solamente por cuánto llueva, sino por qué tan preparados estén los establecimientos para manejar el agua cuando llegue.
Para Hernán Ré, la clave está en anticiparse: observar al animal, detectar las primeras señales de estrés y actuar antes de que las condiciones ambientales terminen convirtiéndose en una limitante para la producción.
