Se trata del actual Secretario de Organización, Alberto Patiño. Competirá contra un golpeado Roberto Fernández por la conducción de la UTA, el gremio que nuclea a los choferes de colectivos. Consiguió avales entre los sindicatos combativos. El estatuto es el principal problema.
Otra vez la Unión Tranviaria Automotor (UTA) quedó en el foco de atención por una contienda electoral. Es que como sucedió hace algunos mandatos, una corriente interna vuelve a desafiar a Roberto Fernández y busca desplazarlo de la condición de lo que supo ser uno de los sindicatos más poderosos del país.
El líder de la facción disidente es Alberto Patiño, actual secretario de Organización de buena llegada a las comisiones internas por su rol y de ascendente entre los gremios combativos del FreSU que lo cobijaron en su interior. Es más, hasta protagonizó una foto histórica con los Metrodelegados.
Patiño buscará dar al zarpazo y quedarse con el cargo de Secretario General del gremio para el mandato 2027-2031 en medio de un clima de malestar generalizado por el deterioro salarial y la crisis estructural del transporte que atraviesa a los conductores.
Enfrentará a un golpeado Fernández que viene encabezando un sostenido deterioro del gremio. El gremialista asumió en 2008 al frente del gremio. Desde entonces fue zigzagueante en sus posiciones políticas y sindicales y le imprimió un perfil dialoguista extremo, que lindó con lo sumiso en buena parte de sus gestiones. De hecho quedó marcado a fuego cuando se sentó a anunciar un aumento del boleto en una mesa con los funcionarios del macrismo como si fuera parte de ese Gobierno.
Esa postura le costó, primero, la virtual pérdida del control de la representación de los trabajadores del Subte a manos de los metrodelegados. Es que más allá de si conservó la lapicera para firmar las paritarias bajo tierra, el tenor de las negociaciones lo marcaron (y lo marcan) las huelgas de los trabajadores enrolados en la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y el Premetro (AGTSyP).
Más tarde una interna irresuelta con su secretario de Organización, Miguel Ángel Bustinduy, terminó en una cinematográfica toma de la sede sindical y el virtual quiebre del gremio. Bustinduy se llevó a los delegados del poderoso Grupo DOTA a un sindicato alternativo y eso generó que la UTA deje de controlar casi la mitad del transporte automotor de la zona metropolitana del AMBA. De hecho las líneas de DOTA suelen trabajar más allá de si la UTA decide una huelga.
En lugar de hacer autocrítica por lo sucedido, «el Gallego» responsabilizó a Pablo Moyano y a algunos otros sindicalistas por, supuestamente, haber alimentado el internismo. Sin asimilar ni tener un aprendizaje de esa experiencia, ahora parece entrar en una situación análoga con buena parte de los delegados que, ante la orfandad de una conducción que evita la huelga hasta el hartazgo, fueron a buscar un paraguas de protección dentro del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU).
Por estas horas Fernández está llamando a sus pares para hablar de la situación y pedirles que no los reciban ni alimenten una potencial lista de oposición conformada por los que no se sienten contenidos. En lugar de interpretar a las bases, intenta aislar a los disidentes.
